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Un dÃa pensamos:
– Basta ya de mover las cosas de sitio!
El reloj gira por encima de nuestras cabezas y las sombras nos corretean por las cuatro paredes.
Un dÃa subimos la colina para caminar a orillas de la carretera y mirar el valle desde arriba, como pájaros, alguna vez llovÃa y nos refugiamos entre las ramas de los árboles, pero aquella vez le buscamos para abrazarle, para viajar con él por sus raÃces, dentro y profundo, húmedo, para enredarnos entre nuestros pies y respirar a la vez, uno siendo el otro.
Fue entonces cuando el sol desapareció, horizontalmente, por un Horizonte en llamas…cuando el reloj nos señaló con un dedo por la ventana, la primera estrella que se coló para alumbrar nuestras figuras en casa, y me atravesó, verticalmente: desde el mar del Universo hacia el interior de mi magma, Fuego!, por eso iluminan los rayos; y asà la clarividencia un dÃa nos llega.
El polvo reposa y el agua encuentra una poza para descansar de tanto ruido alrededor de nuestras orejas, en dÃas complicados para los petardo-haters, que no sabemos bien qué festejamos, ni en dónde refugiarnos.
CaÃmos mareados.
Sin parar de caminar, ¿cómo profundizar?
Aquel dÃa quiero agarrarme y dejarme llevar; transportada por el planeta, por sus vueltas. Vibrar como una cuerda al viento. Une forte abracada, vida! Feliz año nuevo…y un propo-sueño en las primera lÃneas de un regalo de Santa y un libro de cabecera:
Dejamos de sacudirlo todo, de tirar piedras al estanque para mover la superficie con nuestras ondas cortas: que todo se quede en pausa, cerremos los ojos y que nuestra visión se fije en lo mÃnimo, en lo minúsculo, en la fuente.
De cerca. Practiquemos. Escuchemos. Tantas veces cambiamos la estanterÃa de lugar que nunca ordenamos lo que querÃamos poner en ella:
– ¿AquÃ?
– No, mejor AllÃ.
Jóvenes, aun.
