Amor tóxico

Envenenado, adicto, dependiente,

permanentemente asustado, victimista

Tu amor es egoísta,

seguimos en deuda contigo,

orbitando alrededor de tu ombligo.

¿Qué es lo que necesitas?

Desprecio y asco, tus emociones favoritas

toneladas de engaño, juegos malabares.

Actividades encubiertas.

Dinos:

¿Cuántas máscaras tienes

en tus armarios? ¿a cuántos has manipulado?

Humillación y traición,

gota malaya: ira y frustración…

Ignorancia.

Tu amor es puro intercambio,

siempre si ganas, tú única regla moral.

¿Una noche sadomasoquista interminable?

Pues ya no.

No confío en ti. Ya no más.

Tu amor es maligno

miente, enreda y enfrenta:

nos tiene envidia y proyecta,

que es al revés.

Una fachada, una ilusión ensayada

No te reservas nada de bondad,

puro mal juicio.

Distancia y prou.

Templo de sanación: música y escritura.

Contacto cero, y leche de la buena.

Nuestros corazones al fin,

creciendo juntos, fuera de tu Matrix

narcisista. Valorándonos mejor

Prescindimos

de tus sucios filtros.

Sanación: Amor verdadero

Sorry Google

VER LLOVER

Cada día de primavera, cuando leemos cualquier noticia (en el teléfono) al azar, ex. las que quiere Google, las que nos propone en función de “nuestros intereses”, “nuestras búsquedas pasadas” pero también sus intereses publicitarios… Comenzamos el día con desesperanza y de mal humor. Sorry Google. Yo no creo que nadie se lo haga a nadie a posta, pero…

Prefiero nuestra mirada del mundo, sin peajes ni manipulación digital. Las extrañas verdades de los blogs ¿hasta aquí mi contradicción? Nuestro Journaling nómada es nuestra deriva, universos de risas ¿no? Este sí es nuestro propósito: por donde quiera que nos aproximemos, nos amenaza la catástrofe. Así que mejor reír que llorar.

Hay también una oferta de lecturas morbosas, consejos de gurús y discusiones meteorológicas, casi-casi en cualquiera de las redes sociales actuales. Creo sinceramente, que el cambio climático puede ser lo más cerca que estemos de una verdad universal, además de las guerras por motivos falsos. Y que dedicar un rato cada día a la lectura de un libro antiguo, de los que hemos ido a buscar a la biblioteca municipal del barrio, es un bello plan que vamos convirtiendo en rutina. Una experiencia compartida, emocionante. Sí, aspiramos a poseer nuestros días en familia, para disfrutarlos a este ritmo que nos permita ver llover. Escuchar las gotas chocar contra el toldo, deslizarse con cada párrafo, independientemente de todo lo demás, a la vez que mi nariz húmeda, por la alergia primaveral.

¿Es acaso terrible, dudar?  Suelo escuchar a mi alrededor a mucha gente que está segura de todo. ¿La seguridad es un valor y la vulnerabilidad, la peste? Estoy en casa cuando aparecen tus preguntas, justo cuando miro la lluvia, cuando me dedico unos instantes,

cada día de primavera… Reflexionamos con un libro antiguo entre mis manos, porque el tacto nos ayuda. Todos nuestros sentidos, tan importantes como la vista. Entrenarlos, es una parte cualquiera del sábado (porque hoy es sábado).

Saboreamos por el balconcito verde, las coloridas conversaciones de la floristería: Pedro y su esposa. Van y vienen, acompañan las nubes de primavera- más profundas y más superficiales, logran que nuestra esquina palpite.

Acostumbrarnos a la incertidumbre, a nuestras dudas. No estamos seguros, pero seguimos caminando, en busca de nuestro propio cobijo. De nuestro proceso vital de sedentarios a nómadas.Cuando bajamos la velocidad, por el calor, mucho más despacio, la vida así, como a cámara lenta, también se nos va mostrando: luminosa y sombría.

Fragmentos mínimos, instantes fugaces: ronquidos, suspiros, miradas, estornudos, sonrisas, gritos, órdenes y lamentos, eternos. Décadas, ciclos, ciudades, casas, familias, trabajos, universidades, atardeceres, montañas. Nos muestra nuestro destino imperfecto:

– Agradecer, aceptar y confiar… ¿Es lo único que nos queda?

También las alegrías, amor mío. A cada instante, cada gota que cae tiene la inmensa capacidad de crear un nuevo río, y por tanto, tiene una cierta capacidad de mejorar.

Verdad y Perspectiva 1916

El progreso

PUERTO DE VERACRUZ, VERACRUZ, MEXICO

No puede ser sólo por y para: «vivir con una cierta comodidad«– y dicho sea de paso, que cada cual persiga su propia comodidad.

Mi pregunta es: ¿Tenemos la misma comodidad a lo largo y ancho de las sociedades, en esta globalización?

¿Qué se ha globalizado?

¿El televisor?, ¿internet?, ¿la cama?,

¿el agua?, ¿la sanidad?, ¿la educación?, ¿la violencia?, ¿el feminismo?, ¿la paz?…

Lo sufrimos durante el confinamiento, en esta pandemia. La comodidad, yo creo que no puede pertenecer a unos cuantos, y que definitivamente: no es la finalidad del progreso como evolución.

Transportar cualquier capricho a todas las casas, y que esté al alcance de la mano, en un sólo clic:

¿Cuál es el coste de todo esto y quién paga la fiesta?, te lo preguntas cuando participas. Sólo estamos cómodos en algunos lugares,

¿cada vez menos cómodos?

¿cada vez en menos lugares?

a espaldas y a costa de los otros,

como un círculo vicioso que, ¿no entraremos a juzgar? El extremo de nuestra comodidad en las sociedades occidentales, vivir por encima de nuestras posibilidades, de la sostenibilidad del planeta entero.

Eso es precisamente lo que nos hace tan y tan vulnerables. El mundo económico de algunas sociedades desenfocadas y desenfrenadas se cimienta sobre los costes de todas nosotras.

Mi consejo hoy: Apaguemos las calefacciones! Me niego a estar extorsionada y atemorizada por pensar que vamos a pasar frío. A la mierda! Somos más fuertes que este invierno, al menos en Madrid, este año que no hay Filomena…

Vivimos unas épocas de recesiones, otra vez, de guerras en Europa. Conscientes de las ilusiones de un modelo fracasado, de las palabras bonitas pero poco sinceras de nuestras «democracias liberales», y de las fronteras.

Fíjate:

¿Tienes la ventana abierta y la calefacción encendida?.

«Se puede vivir porque se nació, como un escarabajo o una hormiga. Pero la naturaleza nos hizo animales conscientes!…En parte, a nuestra vida le podemos dar un rumbo. Y si ustedes no le dan un rumbo deliberado, no se preocupen: el mercado se lo va a dar. Y se van a pasar toda la vida pagando cuotas y soñando que progresan comprando cosas a fin de mes, hasta que sean unos viejos inútiles».

«¿La alternativa? Que gasten parte de su vida al servicio de un poco de utopía, si quieren, de intentar construir un país mejor, una sociedad mejor para los que van a venir después de ustedes. Pero esa es una decisión consciente, que en alguna etapa de la vida hay que tomar…Y si tú no la tomas conscientemente, mecánicamente la realidad te va a arrastrar»…

Luchen, muchach@s!

Vive como los grandes optimistas.

Crueldad

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VIOLENCIA MACHISTA

Vivimos en una sociedad machista.

Es algo inexplicable, ¿inevitable? que escuchamos muy a menudo,

por la calle y en los medios.

¿Estamos acostumbradas?tenemos que seguir luchando.


Estamos todas muy de acuerdo, por supuesto las feministas, pero también algunos hombres que no voy a felicitar porque no los conozco, personalmente. Esos hombres activistas, según los cuentan las estadísticas, que se han visto afectados (directa o indirectamente) por algún tipo de violencia, más o menos extrema y perpetuada: en sus colegios, en sus casas, en las iglesias, con sus mamás… Algún tipo de shock brutal y cruel ha amplificado su conciencia: son capaces de tener empatía con las mujeres, sin ser mujeres. También con sus mujeres, hermanas e hijas. Y sufren.

«Los otros hombres» simplemente reproducen y amplifican algún tipo de comportamiento primitivo, nocivo y bélico contra la mujer. Alguna tradición.

También las estadísticas dicen que es verdad: existen madres, esposas, hijas, hermanas, maestras de escuela, profesionales independientes…que ejercen violencia gratuita contra algo o alguien, de manera a veces inexplicable. Véase la cantidad de relaciones tóxicas dentro de la familia que tienen como centro a «la abuela», por ejemplo en algunas redes sociales como Facebook y sus «memes».

Las estadísticas hablan solas: ¿alguien las escucha?


Cuando sucede un caso más de violencia de género, cerca en Igualada, recordamos el machismo y nos duele mucho. Son muy difíciles de entender las lesiones, los asesinatos, las violaciones, los insultos, las vejaciones … que sufrimos las mujeres, también nuestras hijas. Es decir, se perpetúa entre generaciones.

No conseguimos acabar con la barbarie.

Sólo algunos violentos después de asesinar, se suicidan.


No debe ser nada fácil acompañar a una hermana, a una madre, a una hija, a una víctima de la crueldad extrema de los hombres, de sus guerras de sangre por el poder, del menosprecio, de sus vicios, de sus manos sucias. ¿Qué decir? Salvo que «Vivimos en una sociedad machista».

Escribimos, leemos, estudiamos, analizamos estadísticas… Hacemos reportajes y denunciamos. Combatimos, políticamente. Siendo todas herramientas poderosas para agitar conciencias, para estos shocks eléctricos de los que hablamos a menudo, es muy diferente cuando el grupo de las víctimas es una mera segmentación teórica, de entre todas las mujeres mayores o menores de otra segmentación por edad, que cuando es tu vecina la de enfrente.

Cuando sucede dentro de tu propia familia, cuando eres tú el que agredes.

Tú,

¿A quién le agredes con tus acciones, con tus palabras, con lo que eres?


Cuando existe una relación de primer grado entre el agresor y el agredido.

¿Te agredes?


Ahí adentro, en tu intimidad, todo lo que has leído puede servirte, también lo que has escuchado, estudiado, la mujer y madre en que te has convertido.  También tu abuela, las clases de yoga, los maestros budistas, tu psicóloga o coach personal, una amiga,

Sócrates y tu enfermera del centro de salud… Escoge bien a la sociedad que te ayude a soportar un sufrimiento que viene de fábrica.


A la hija de una víctima, urge sanarla con mucho AMOR: es la herramienta más poderosa de nuestros ejércitos. Cultivarlo y proporcionarlo a manos llenas. Debemos acompañarla, arroparla, mimarla con muchísima paciencia, respetando sus tiempos. Estar físicamente a su lado, acogerla entre nuestros brazos y llorar con ella. Esperando que tanta agua salada, cure algún día sus heridas. Individualmente y colectivamente con el paso de los días, de los años…etc.


Entiendo que nos debamos segmentar para entendernos, porque pareciera que todo es más sencillo y que funciona racionalmente, pero yo creo que construimos ficciones alejadas del suelo que pisamos,

y a veces nos estallan en la cara. Son los espejismos de cada persona + sombras y contradicciones.

No somos seres coherentes,

soñamos despiertos y a veces nos creemos en posesión de una verdad universal.


Hombres y mujeres, agresores y víctimas, violentos y muertas. No sé si deshumanizarnos para tratar casos como meras estadísticas e informar en los medios sobre las evoluciones, nos esté aportando gran cosa. Entiendo que los números en los que nos convertimos, puedan aportar luz en los Ayuntamientos.

Se cuantifican las ayudas y se evalúan los efectos de algunos planes estratégicos del Ministerio de Igualdad. En general, apoyo las matemáticas; pero constatar la violencia sólo en números tiene ya muchísimo recorrido y sin embargo el cambio que necesita esta sociedad, que trata a la mujer de manera desigual, sabemos que se tiene que transitar por cielo, mar y tierra, cada día, respirando. Con cada decisión individual de cada una de nosotras, juntas y por separado.

Apoyarnos, acompañarnos, comprendernos, también es necesario para la transformación.

El cambio no llegará tan sólo cuando cambien «los otros hombres».

El cambio también llegará cuando yo cambie.


Las colisiones de un Universo en continuo movimiento nos sacudirán, una vez y otra, esto es inevitable.

Nos agitaremos y nuevos compuestos nacerán, otros permanecerán, así son las fuerzas que nos rodean: constantes, destructivas y constructivas, infinitas.


No somos números, estamos implicadas y somos responsables, alteramos nuestras realidades. El cambio está dentro de nosotras: entender y cuidar de los violentos, aunque nos joda, sobre todo si son mujeres.

La violencia se cura con mucho amor y paciencia. Es mucho más sencillo destruir que construir, en cuestión de tiempos. Debemos acordar unas reglas morales para ser en sociedad, albergar esperanzas entorno a nuestro futuro, aunque no tengamos certezas, practicar la bondad y la compasión.

Cuidarnos y también mirar al cielo, escuchar muy adentro. Sondear en nuestro pasado.

De la mano, podremos ser mejores y aspirar a ser libres.


Menor Violada en Igualada

En tu mundo

MEXICO
¿En mi casa? ¿en mi iPhone? Afuera y adentro. 

Por fuera y por dentro, cambios. 

Viajes. Mañanas. Transformaciones. Sueños…

¿En qué balcón? ¿en mi mente?

En la más pequeña, de las partículas del universo.

En sus conexiones. Oscuras.

La nada, en movimiento.

Y mi útero vacío, hambriento.

¿En verde? ¿En violeta o en rojo?

Lejos y cerca, en la red,

en Madrid, somos familia,

latiendo. Creciendo.

Soy una niña, soy galgo, soy mujer.

Soy una joven escritora, estudiante,

vasca, catalana,

emprendedora. 25 segundos

para ser y dejar de ser,

para otra persona.

Somos de paso.

Un semáforo, ahora en Teams.

Familias de músicos

y perras,

pares, de izquierdas,

entretejiendo barrios, animalistas,

activistas, ¿nos organizamos con Facebook?.

Así suceden ahora, orgánicamente,

proyectos digitales como setas,

como caracoles, calan las lluvias,

antes que la nieve.

Híbridos,

sin fronteras,

a los márgenes de las carreteras.

Es «autum»

caen las hojas, muy lentamente.

Aventureras, nómadas,

blogueras, en furgoneta,

fracasadas, te resuenan

¿sí o no?

Instagramers

seguidores abundantes,

profesores de yoga online,

retomamos «Stories en directo»

y seguimos a «Jaiki» por Youtube.

Redes sociales sin ánimo de lucro,

colaborativas

maneras de vida, “alternativas”.

Gritonas y calladas,

mejor no agradamos,

mejor sin jefes.

A solas tú y yo.

Contrarias, partículas rebeldes.

Sin información de utilidad,

caóticas y perseverantes.

Musicales, ¿por qué no?

¿Por qué no comenzar con el mejor viaje del mundo

y un buen café cada mañana?

En este balcón.

 

Viajar

EL RIO DE LA LUZ, ALASKA

Los años que viví en Madrid, en casa de mis padres, pude viajar a muchos lugares dentro y fuera de España, en familia: Cádiz, Bilbao, París, Moscú, San Petersburgo, Estocolmo, Copenhague, México DF, Tulum, Isla Mujeres, Dar es-Salam, Serengueti, Zanzíbar…

Fue durante mi época universitaria cuando tuve la fortuna de conducir con mis amigos por Europa: Francia, Bélgica, Alemania, Italia, Portugal. Y también, muchos veranos sola, platiqué con completos desconocidos en viajes de estudios: por Inglaterra y USA. Idiomas: aprendí inglés. Y gracias a todo ello, finalmente obtuve una beca Erasmus para completar mi licenciatura en Holanda, lo que me permitió seguir viajando posteriormente, por trabajo. Principalmente a Alemania.

Los viajes con mis padres fueron propiciados por laboratorios farmacéuticos que invitaban a mi padre, reconocido Dr. Ginecólogo de la seguridad social, a dar conferencias sobre menopausia, su especialidad, y como él podía ir con acompañantes, casi siempre viajaba con mi madre. Por lo general mi hermana y yo nos quedábamos en casa porque teníamos que ir al colegio, pero en vacaciones, cuando íbamos todos, no era tan divertido.

No me acuerdo qué es lo que motivaba a mis padres a elegir sus destinos. Probablemente una mezcla entre un genuino interés por el país: su gastronomía, algunos de los lugares que hicieron famosos algunos libros, así como sus gentes. La cultura. Y lo más conveniente para el reconocimiento de la carrera profesional del Dr.

Lo que sí que recuerdo bien es el estrés y la obsesión. Tatuados en la niñez.

 La obstinación por la perfección, la belleza, la felicidad y el encuadre.

Mi padre era un Dr. – hombre admirado por sus hijas, obcecado por los datos en los periódicos, las citas en las historias, las exposiciones en los museos, la arquitectura en las iglesias y las películas de la CIA. Un hombre de ciencia vasco que leía muchísimo, al que le gustaba la música y cocinar. Él era como una enciclopedia con poco pelo en la cabeza y mucho en el cuerpo. Y cada vez que viajaba, mucho antes de despegar desde el Aeropuerto de Barajas, ya habíamos recorrido cada rincón unas cuantas veces. Era sistemático y sus chaquetas estaban repletas de bolsillos. Le encantaba la tienda de El Coronel Tapioca.

La primera de las rutas que compartíamos, mucho antes de cada despegue, era ir en coche a la Casa del Libro y a la Feria, en El Retiro. Absorbía del periódico las listas de los escritores de moda, los títulos de los superventas de las grandes editoriales. Le encantaban las aventuras de los descubridores de nuevos mundos, los Magallanes y las novelas históricas. Aparte de las películas de James Bond. Subrayaba las novedades de cada año en las listas de recomendaciones, y también las críticas literarias. Buscaba a los escritores que antes de nosotros hubieran vivido y descrito nuestro viaje, para entonces seguir sus pasos.

Entraba en fases distantes en la que se pasaba los días analizando recorridos, precios, aviones, guías, hoteles y comentarios, en su despacho, presupuestando todos los posibles gastos, para justificarlos y conseguir el dinero necesario de las empresas farmacéuticas. Porque con los médicos viajábamos “a todo trapo” a hoteles maravillosos con buffet libre, con motivo de las Convenciones, pero en vez de apuntarnos en los viajes organizados por las agencias, nuestra familia era un poco exploradora, gracias a mi padre y sus lecturas de viajes.

Él lo decidía todo de antemano.

Un día me explicó que, al ser el hijo único de una infancia muy difícil en Bilbao, porque su padre murió muy joven, con problemas por haber robado en la empresa en la que trabajaba de chofer, algo así…la lectura desde muy pequeño fue su refugio: los libros de Julio Verne y de Emilio Salgari. Recuerdo agendas apretadas y visitas fugaces. Multi-localizaciones. Horarios. Iglesias. ¿Algunas cenas de gala? El carnaval de Brasil. Desayunos espléndidos,

y recuerdo la Torre Eiffel.

Y luego: fotos y más fotos que iban a parar a álbumes y más álbumes en estanterías y más estanterías, por nuestra casa que se fue reduciendo de espacio, para crecer en repisas. Desapareció el pasillo y las máscaras. Desapareció la terraza y el cuarto de al lado de la cocina, donde dormían mis abuelos, en un sofá cama rodeado de libros de cocina.

Todos los años organizaban un gran “viaje de negocios” con mi madre. A veces, cuando el presupuesto se lo permitía, íbamos también nosotras. La última vez que viajamos con él fue a Tanzania, y no paramos de discutir, pese a la belleza natural de sus parques. Todo lo tenía planificado, al detalle. No teníamos tiempo para el disfrute, ni nos pudimos perder.

Mi padre formaba parte del colectivo de personas que disfrutaban más haciendo la “foto al león”, que simplemente dejándole aparecer cuando menos te lo esperas. Aunque de esta manera, no puedas disparar porque sencillamente se te ha olvidado la cámara en el hotel.

Los viajes con mis amigos comenzaron siendo muy diferentes porque no teníamos un duro y viajábamos por carretera, por lo que eran tremendos procesos de relación y puro aprendizaje del duro. Teníamos el tiempo y nos movíamos como vagabundos por las calles europeas con nuestros idiomas de academias, durmiendo a veces en el suelo, encima de cartones.

Pasamos frío. Nos calentábamos en los bares, fundamentalmente. No nos engañemos, el alcohol es importante. Con el Inter-Rail llegamos hasta Estambul, que es lo más cerca que he estado de un país musulmán, hacia el Este. Allí entramos por primera vez en una mezquita y nos besamos enfrente del Bósforo. Pero no viajé con mis padres a la India, viajé con mi hermana. Y fuimos organizadas desde origen porque tenemos apadrinada a una niña en el Sur, donde estaba vivo Vicente Ferrer. Tuvimos el privilegio de escucharle hablar. Fuimos en el mes de agosto a ver amanecer en el Ganges y nos morimos de calor. Pero fue un viaje transformador.

El primero de otros muchos que vinieron.

Gorda

EL INTERIOR

En universo aburrido…

Horas obscenas y líquidas, transparentes y escurridizas. Alimentadas por alientos calientes y fríos,

jadeos rápidos y lentos, egos podridos y relucientes…

El tiempo recorría libremente el espacio a través. Nosotras rodábamos por nuestras propias carnes con la gravedad, dibujando ondas previsibles únicas, por la superficie de la mesa, cerca de la fuente.

Orbitas de Dios, danzábamos como una entera, a través de tu respiración. Hasta que un domingo cualquiera, intuí mi propia frontera, la burbuja de aire que me rodea, mi piel manchada. Escuché: mi nombre- me lo aprendí, me lo enseñaron. Era diferente de mi hermana. Una niña única.

En mi clase nadie se llama como yo, mamá.

Fuera del líquido, lejos de mi madre, comprendí que era todavía muy joven, desobediente en lo fundamental y demasiado tímida, en relación a los demás. Conté, leí y escribí en la escuela. ¿Era niño o niña?, me decían YAAN.

Tenía por delante los próximos años para preguntarme y comportarme bien, para llegar a casa cansada; menos joven, más obediente para finalmente ilustrar un triunfo fácil en las redes sociales. Respuestas de mis locuaces compañeras del trabajo. ¿Tenía tiempo para convencer a los demás? Aún tenía por delante, años para practicar. Y mi propósito intacto y tu aliento. Era una privilegiada que no quería dejar de comer. Voraz, afortunada, rica, gorda, rebosante.

Una vez y otra segunda vez. Al fin repleta, colmada, agradecida. Pero nunca en exceso.

Sin embargo un domingo comencé a teñirme la piel. Me habían salido unas manchas oscuras por toda la cara y me avergonzaban. Pelos en el pecho, en el bigote, en las ingles…granos, verrugas, manchas, agujeros. Inauguré mi guerra particular a la contra. Me puse de frente, con morros y puños, a replicar.

No estoy de acuerdo.

Cuchillas y cremas, ceras, anti-ojeras y demás soldados del temible ejército de una guerra química, contra todos los feos vivos; a favor del maquillaje, la distancia y el photo-shop. A favor del FAKE y de Instagram.

De semejantes proclamas nació un lugar inexistente, el salto al vacío de una existencia disponible, la pérdida del tiempo y finalmente, mi emancipación.

Una vez remotamente de mi padre y de mi madre, me enajené con todo lo que pude. Bailé hasta agotarme por diversión entre profundas fantasías oscuras, de otras mentes dementes, adentro de burbujas separadas (amigas y enemigas), en todos los clubes sociales de los ricos. Sin saberlo, me apliqué para imitar a «las mías» lo más lejos que pude,

desde otras órbitas solares hasta encontrarte, tan cerca de mí.

Almas atormentadas

AGITADAS

¿Cómo reconocerlas?

Cada segundo,

2 almas se encuentran y comparten sus heridas.

Se entregan por completo al instante… y se retroalimentan. Crecen juntas, comparten su helado.

2 caras oscuras de la luna por los caminos de Dios, acompañándose por las carreteras, pares haciendo autostop por el desierto, surfeando el mar, montaña arriba. Descansan en diferentes refugios: 2 almas errantes, 2 espíritus libres,

2 herramientas mutiladas, borrachas… 2 almas idénticas, suicidas. 2 almas rechazadas. 2 ovejas negras. Sin saberlo. Atormentadas, cada cual con sus propias miserias, miedos y migajas de pan en las mochilas.

NÓMADAS, 2 almas inquietas como los gorriones sobre las sobras de las mesas…

Un día aparecieron por la puerta de mi casa. 2 almas vecinas. Todo un recorrido 360 grados alrededor del mundo, girando como peonzas por separado, alrededor de núcleos alejados por océanos de agua salada, que ya hace muchos siglos se habían encontrado, nos chocamos cada día, como por azar, alrededor de la fuente de agua dulce,

en la plaza. O en el supermercado. Nos atraemos una alrededor de la otra, espejos deslumbrados, disfrutando de la proximidad de un mismo barrio. La una para la otra, cultivamos esta amistad, como si fuera poco.

«Saludo la libertad de aquella,

yo, la más cobarde». Chantal Maillard en La compasión difícil.

Me reconstruyes desde los cimientos, cuesta arriba y cuesta abajo, contigo me reconozco.

Si. Nos visitan tempestades como Nortes, según la estación, entran sin permiso por la puerta de nuestras cocinas, se instalan entre nosotras, períodos más o menos frecuentes, nos remueven. Viento que sacude nuestras mesas, agita las puertas y tira toda la comida al suelo, provocando peleas frecuentes frente a los muros de nuestras casas.

Portazos y gritos. Escuchamos nuestra Ira, de dentro hacia fuera. Y de fuera hacia dentro. La mar contra los acantilados del Norte asfixiando a los peces, que luego se comerán las gaviotas. Llenando de algas las playas, derribando todo a su paso:

Ya está.

La respuesta al Post. Tan sencillo como:

2 almas:

«Deja que sangre, sin desangrarte».

Que yo te chupo.

¿Hacia dónde viajar?

Filomena en MD,

Invierno del 2020, en medio de la ¿tercera ola?- El mundo que conocemos se acaba, etc

Cuando no estoy aquí y ahora, soy una sombra, una mera proyección. Una abstracción de pensamientos, recuerdos, deseos y añoranza. Algo así. Una impostora que viaja a lugares imaginarios, a uno de aquellos espacios en el tiempo, pasados. Una calle, un paseo, un atardecer, la mar, el malecón, nuestro volcán, tu plática, una canción, nuestra amistad.

Cada uno de nuestros lugares en el cuerpo, todos ya de antaño: vino y anejadas alrededor de la mesa, en invierno, alrededor de la lumbre. Lugares que no han sucedido, ni sucederán afuera como sucedieron adentro. Lugares hermosos donde perdernos, eternamente. Ensoñaciones en el paraíso. Nuestros viajes por Nicaragua.

La ría, tu puerta abierta, un coctel con ron…

Y también busco lugares donde perderme sola, donde esconderme de la luz, donde encerrarme a oscuras, también disfruto con el negro, que es fascinante, sin duda seductor. Me deslizo en silencio por los pasillos a oscuras del trastero de mis padres. Siempre me aterró, pero enfrentándote a la muerte, te haces valiente y te construyes por dentro.

Apenas me proyecto hacia el futuro, allí me da mucho miedo viajar. Debe ser que me calan algunas predicciones catastrofistas de la ciencia occidental y no tengo en buena estima ni a mi propia comunidad, ni a mi misma.

Me gusta cuando regreso con la resaca y tu aliento.

El cambio

Sin darnos ni cuenta, como suceden las cosas.

Cuando aprendieron a esperarlas o cuando eran pacientes,

o cuando eran, sin preguntas.

Me convertí en el observador

narrador de los cambios de la Familia Billy Jones,

mi familia.


Y sin darme cuenta, yo ya no estoy con ella.

No son mis pelos en su albornoz, burdeos.

Soy por las paredes de la casa que me vio morir;

y soy «al seu cor», aunque ahora esté completamente diferente:

una vez al año, una nueva casa maya, hogar NAJ.

Dos años después, nutriéndose ella.

Otra familia, aunque estemos todos interrelacionados, completamente.

Partículas nuestras (pecas blancas y negras) en el auto

y un olor a pedo permanente.

Yo soy Lucas Billy Jones.

El primogénito.

¿Un recuerdo?

Tampoco ha pasado tanto tiempo humano,

tampoco es que no los reconozca.

Los he olido a casi todos.

Bien.

Han crecido mucho, pero YAAN sigue con la uñita a Matso.

Hemos traspasado las fronteras juntos,

nos hemos amado mucho,

frecuentemente,

a diario.

Todas las vidas que nos fue posible,

las vivimos;

el tiempo que nos perteneció,

el que nos fue dado.

Fuimos muy conscientes de nuestra fortuna,

de la belleza y del favor de los Dioses. Inhumanos por naturaleza.

Hoy sabemos que ella está tocada

por la inspiración

y que ella es abundancia.

De ella

nacimos el «todos nosotros»,

de una semilla de ella

y de una semilla de él,

iluminadas por los cielos, estrellas, astros, polvos y compañías.

De la conjunción de la vida y sus casualidades 

el propio deseo de la madre Naturaleza.

En otros tiempos humanos,

cuando se conocieron en Barcelona,

yo no había nacido.

Ni Billys, ni Jones,

aunque aquellos ecos

ya existían en sus otros

dos mundos, por separado.

Se acababan de encontrar

mar adentro,

hacia arriba de la montaña.

Ella dejó de ser fértil, apenas hoy.

 

Para mi gran amor.

Pruébalo

Está muy bueno, te gustan todos los ingredientes,

es un batido de fresas con canela.

Es una mentira de mamá, pensé yo.

No, contestó ella. En un tono contundente y gritón.

Soy pequeña

y hay cosas que todavía no me gustan.

¿Alguna vez lo probó

como cuándo se prueban las cosas por primera vez?

Con curiosidad, sin prejuicios.

¿Lo olió?

¿Experimentó la textura de la espuma de la leche?

Probablemente alguna de las pepitas

de las fresas, de los granitos negros,

se quedaría atrapada entre sus dientes.

 un motivo que no es capaz de explicarnos,

y quizás nunca llegue a comprender ella misma

decidió que no le gusta el batido de fresa.

¿Cuándo?

El de plátano, si.

El de plátano con fresa, tampoco.

La fresa sólo al natural.

Sin leche y sin canela.

¿Tampoco te gusta la canela?

Sólo me gusta el chocolate, mamá.

Encierro

Desde éste, mi encierro,

escucho las entrevistas de Rac1

a los presos políticos catalanes del Procés.


El tiempo se nos detuvo,

a todxs por motivos diferentes, claro. Tenemos cierto tiempo parados, como esperando algo. Y cuando te paras, suceden las cosas de otra manera porque los acontecimientos se te adelantan, y se van a habitar a otros lugares-aparecen y desaparecen, cuando tú no te mueves y no te das ni cuenta.

Cuando nos separan, nos dividen, nos encierran, nos atemorizan y nos obligan a quedarnos en casa: ¿Qué es lo que sucede?.

¿Qué me ha sucedido? Lo no tan obvio es la muerte y el renacer diario.

Acompañada y agradecida. Eso también. Lo que tenía que suceder: la FE y la ESPERANZA. También.

Creo que suceden cosas horrorosas y quizás podemos mirar hacia otros lugares para escapar, para huir. Pero la oscuridad también nos habita por dentro. También. Y nos da mucho miedo la noche. Y por eso rezamos.

Cuando el desastre llega: ¿necesitamos escuchar y obedecer? Cuando el miedo nos paraliza, nos detiene y nos hace buscar la cueva donde resguardarnos. Valoramos nuestra vida, rodeados de tantas muertes.