Twee Rivieren_Part 2

Una mañanita

todas las criaturas vivas al unísono

clamaron al cielo, como una orquesta sinfónica que interpreta composiciones de Xenakis:

Algunos gritos de pura esperanza y otros de dolor.Y también de celos.

Pájaros piando, gacelas croando, jirafas en un trote desgarbado despavorido, bramando a las nubes.

Trompetas agudas entre cuerdas estiradas de violonchelo y notas rotas, gordas, terribles. Largas…

A partir de aquel día, las quejas pesadas de todos los árboles secos se suspendieron en un silencio vacío, y sus troncos cayeron hacia el magma. Apareció una luna llena que les iluminó las enjutas caras de La nada:

Ya no habría más descensos de nubes y sí unas terribles necesidades de agua.

Se avecinaban épocas de Sequía...

Twee Rivieren_Part2, en Lettera– Conservando las letras originales.

Así terminan los idilios, sin guiños de comprensión, ninguna.

Nos miramos, pobres. En silencio.

«Abuela,

aquélla de allá

-señalando-

no se parece a una tortuga?»

Ya no existía la caza en abundancia. Los elefantes fueron los primeros en emigrar, los hipopótamos y todos los Grandes Reyes de la Selva. Los primeros inmigrantes de la Tierra, mucho antes de los San de complexión bajita. Muchos de los Ñus les acompañaron, también los leones dependientes, los carroñeros.

El viento cada día fue erosionando la tierra, las rocas se fueron volando, todo se fue,

pulverizando, las mesetas comenzaron a disolverse en dunas de arena, frágiles y leves.

De arena roja, de granos cobrizos del color del fuego hermano, compañero, imprescindible

del Desierto del Kalahari.

A los árboles se les quemaron las ganas, aunque muchos renacieron con espinas agudas,

sus frutos se empequeñecieron, se avinagraron sus venas y dejaron de desprender aquel olor a manjar del trópico,

pero tú no te acuerdas.

Arrugados, sin poda por los animales salvajes, apenas alguna rama crecía con FE, hacia arriba.

Buscando la humedad, entre una maleza áspera, que la enmarañaba

Gozando del sol…

Continuará.

AMANECERES COTIDIANOS

La intermitente corriente penetra cuando amanece y recorre el pasillo desde el salón hacia el invernadero, y viceversa. Gracias a ella suelen crearse remolinos a la altura del pasillo, debajo del telar de las pirámides mexicanas. Suena el despertador cada diez minutos; la alarma canción cotidiana que tarareo entre el sueño y el bostezo.

El sol trepaba por nuestra calle un poco antes, en el espacio y en el tiempo, y atravesaba la fina cortina hasta nuestra cama. Tú en verano necesitas dormir con las puertas y ventanas abiertas, como la Negra. Y como ella te echas a la sombra allí donde encuentras un remolino: debajo de la mesa, entre los libros de la biblioteca…

Yo estiro mi brazo para cerciorarme de tu ausencia, en busca de las huellas que dejas en nuestro lecho, a la vez que retraso el desayuno, en busca de tu piel, de tu sudor. Repaso los recuerdos del día anterior para localizar el coche que me ha de llevar al trabajo,y se repite la canción cotidiana que me avisa programada: ¡Acaban de pasar de largo 10 minutos más!, segundos que han volado por el pasillo.

Llego tarde al trabajo cada día. Puede ser lunes, martes o jueves, eso no es lo importante. La vida se nos detuvo con la prima de riesgo, ¿a cuánto ascenderá hoy?. Como el precio de la gasolina, o de los alimentos en los supermercados por los constantes incrementos del IVA, como las listas de parados de larga duración. Números elevados, salvo en la cuenta del banco, o en la nómina de cada mes. OK. ¡Basta!.

LUCAS Y LA NEGRA

Salto de la cama cuando por dos veces Luc aparece por el lado de la mesilla del papel higiénico y del agua, y la Negra me chupa los pies, desde abajo, y después la boca, desde arriba, apoya su cara en mi cara, abro los ojos y miro sus ojos pardos que me miran. Me mareo cuando me incorporo demasiado deprisa, todavía entre sueños. Me acompañan al baño las telarañas y los fantasmas de la crisis, hasta que te encuentro, y me echo contigo a tu lado en el sofá cama de nuestros perros.

La Negra, toda excitada, es pura energía cachorro los primeros compases de la mañana. Lucas en cambio nos recuerda que le hace falta su desayuno, el yogurt que guardamos en la nevera, y sus tostadas. Lucha por ganarnos el espacio; su espacio: cojines, almohadas, juguetes, comida…y el lugar más fresco de toda la casa. Su cabeza cuelga hacia las corrientes, entre el levante y el poniente. Negris ladra un grito agudo de júbilo y Luc Bill murmura sus carantoñas panza arriba, rodando como una peonza. La Negra salta y salta entre brazos y piernas, con la lengua afuera. Así es como caen nuestras legañas y se quedan entre los pelos del despertar. Lucas muerde obsesivamente uno de sus huesos y sus babas se nos pegan por codos y espaldas, mojadas de sudor.

Espasmos, mimos, carantoñas y risas, la alarma de nuevo nos roba 10 minutos.

El trabajo me espera. Ese edificio entre el campo y un río, muy lejos de lo cercano, a pesar de lo cotidiano, por la autopista, dirección a Girona. Una última exhalación suspiro. Impulso hacia la ducha, retumba como un eco en mi cabeza. Todos los días el agua me ayuda a reconciliarme con la realidad, con el exterior, con lo ajeno, y con mi sexo. Lucas me espera desesperado porque así son sus neuras, me sigue muy de cerca. Me observa meticulosamente y su presencia se vuelve incómoda mientras te abrazo con mi nariz, mientras la recuesto dentro de tu nuca, y te huelo antes de partir.

Lucas quiere su yogurt y la atmósfera cambia su luz, como si fuera a llegar una tormenta. Es muy complicado ignorarle, como a la fuerza de los Jedis, persiste y persiste a lo largo de la saga. No tiene límites, tiene mucha fe, y es fiel a su desayuno. Una vez que se termine el yogurt esperará debajo de la tostadora hasta que oiga saltar el pan.

Girando su rabo como si fuera un ventilador.

NAJ

«EL TERRAT», LIVE IN BCN

EL TERRAT

Estuvo muchos años despoblado, a la intemperie, bajo el terrible sol del mediodía en Agosto y las lluvias torrenciales de finales de Septiembre; viento, cagadas de gaviotas, qué sabemos de otras épocas en una casa que tiene más de 100 años y que sobrevivió a las terribles guerras entre Españoles y Catalanes, y viceversa…

¿Qué sabe ella sobre nosotros?, ¿qué susurran sus paredes cuando dormimos?

Ella vivió sola muchos años: sin ascensor, sin llaves del «terrat» y sin ganas de subir unos peldaños más de la cuenta.

No comenzaron a salir al aire libre hasta que las paredes se encogieron, con la llegada del primogénito, que es lo que suele pasar cuando la familia no para de crecer: de los cuatro inquilinos en adelante, los sesenta metros cuadrados que el notario tasó para la escritura de propiedad se volvieron muy relativos; un piso patera de los que anuncian en las noticias que desaloja la policía, pero pagando impuestos al Ayuntamiento.

Con la llegada de la crisis en el 2009 se convirtieron en tribu de ciudad, comenzaron a practicar con el fuego y las brasas para los cortes de carne en las reuniones con los amigos. Una época de sedentarismo mediterráneo, buen clima y playa, las cuatro estaciones del año. Echaron raíces profundas que dieron sus frutos entre un verano y la siguiente primavera, e hicieron un huerto, plantaron tomates, yerbabuena, limones, y trajeron cactus de las montañas, sembraron varias cosechas de marihuana y fueron llegando diferentes tipos de agaves a sus cabezas, para quedarse definitivamente.

NAJ