
La historia que voy a contaros…
Comienza en la habitación grande de una casa
recién estrenándose,
en un Año Nuevo en el trópico.
Todavía con no demasiado calor,
aunque funcionen los ventiladores casi siempre,
durante el día y por la noche.
Una casa en mitad de los manglares, del agua estancada de la selva
a varios kilómetros del mar Caribe
-tábanos, arañas, hormigas, mosquitos y mariposillas,
escarabajos, pulgas y garrapatas: todos los compañeros molestos–
presentes en tantos momentos,
a tener cuidado, en guerra por el espacio,
nuestro y de ell@s.
Un recodo en el camino,
uno de tantos asentamientos para el descanso de pies,
rodillas y almas,
campamento base para respirar hondo y reflexionar,
escribir, trabajar y descubrir…
el nuevo escenario del crecimiento de nuestros chamacos; una parada en este viaje largo que emprendimos, vamos a cumplir 1 año desde que nos subimos al avión transatlántico.
La casa de los amigos, de los músicos y del amor,
de la familia y de nuestros perros, la casa de la cultura,
ésta es su transición; todos llegamos a ella desde nuestros rumbos,
y está siendo transformada.
Agujereada, aseada, liberándola de sus moradores insectos,
de las telas de arañas …
Arrollada por las circunstancias, convertida en guarida de mamíferos.
La casa de mujeres y hombres, de quienes componemos este colectivo,
la casa de varias familias que comienzan a organizarse y a ayudarse con objetivos comunes: que no se pudra la comida, que no nos quedemos sin agua o sin gas, que nuestros perros no escarben en la basura de los vecinos, que no vengan los otros a cagarnos en la entrada…
Que los músicos se pongan a tocar y que los artistas se pongan a producir, que las mamás jueguen con sus chamacos y que la escritora siga con el blog…
Una casa todavía sin internet, sin agua caliente, sin lavadora y sin frigorífico, sin sofá, incómoda, llena de visitas … pero una casa que nos permite, ser la familia que ahora somos– ser autónomos, y ojalá, llegar a ver cómo se van cumpliendo todos nuestros sueños,
por primera vez.
Una casa pequeña para todos los que estamos, de alquiler asequible, en un fraccionamiento a las afueras de un pueblo pequeño, turístico unas temporadas del año, según nos han contado los que se mudaron antes que nosotros, los que ya le encontraron el cómo, los que nos hablan de que aquí hay jale, y los que se quejan de que los turistas quieren pagar menos que los mexicanos.
Esta es la historia de una familia que se configuró en un apartamento de ciudad, la Familia Billy, lejos de aquí y ahora, en un país rico, desarrollado, capitalista… rodeados de grandes amigos, de la familia materna, del amor y de la pasión; allí donde trataron de prosperar durante unos cuantos años, pero no lo consiguieron. Desde allí partieron y hasta aquí llegamos, pasando por el Puerto.
Allí, los Billy día a día tejieron un laberinto del que pensaron que no podrían escapar, hasta que dibujaron el plan que resolvería las encrucijadas varias que se habían planteado, descrito a través de los diferentes propo-sueños, como resultado del cual se enfrentarían al caos diariamente y descubrirían el paso hacia lo siguiente. Y nada más.
Y nada menos.
Esta es la historia de una arribada en común a través de muchos pasos para poder ser uno mismo, de la entrada por una única puerta, la delantera, hacia la casa albergue de cada uno y sus circunstancias, de un pasado singular y de un futuro que es mañana, o a la vuelta de la esquina.
Y en este principio que es el final de otra gran aventura y fracaso, nos tuvimos que despedir de quienes fueron nuestros acompañantes, de nuestros hermanos y de una gran amiga, para bendecir un lugar remoto, desde donde lo que se divisa al otro lado de la carretera es como si sucediera en otro continente.
Un cúmulo de complicaciones multiplicándose diariamente, un no parar con cada sol, con los «chamacos» a cuestas, y con el dálmata Lucky enfermo, dan comienzo a un nuevo año, en el Trópico mexicano…

[…] el olor de la menta. Naj, mi casa adentro ES, en cierto […]
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[…] Naj inside […]
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[…] gente que está segura de todo. ¿La seguridad es un valor y la vulnerabilidad, la peste? Estoy en casa cuando aparecen tus preguntas, justo cuando miro la lluvia, cuando me dedico unos […]
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[…] una nueva NAJ. […]
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[…] ¿Y qué haremos con una nueva vida?, ¿por dónde empezaremos la casa? […]
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[…] NAJ […]
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[…] NAJ […]
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[…] NAJ […]
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[…] vuelto a cambiar de casa, de NAJ. Cerramos Palma Guinea y Palma Chat para habitar un bajo de Orquídeas, en esta nueva etapa. […]
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Uno siempre se despide de quienes se quedan en las casas que una vez sentimos nuestras. Pero no hay tal cosa como nuestra casa, no fuera de nuestra piel y nuestra cabeza.
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