COME BACK, please.

come back

La primera vez que se marchó de nuestro lado fue por pocos días, ni siquiera nos despedimos tanto, más allá de un¨Cuídate¨. ¡Nos veremos muy pronto! Unas palmaditas en la espalda y tres besos, uno por mejilla. ¨En corto iremos a por ella, al otro lado de la Cordillera¨. Nos estará esperando sucia, destartalada, silbando, satisfecha, muy cansada.

Bostezará hambrienta, sin nada en la mochila, y de nuestra mano al refugio, al calor de las mantas, debajo, a la cama.¨Buenas noches¨y un beso en la frente.¨Que descanses, que duermas bien, que dios te guarde¨.

Aún hoy recuerda, los aullidos de los lobos cuando la luna llena…

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La segunda vez quiso llegar más allá,

¿Aún más lejos?.

Eran mayores sus destrezas, ya había aprendido a correr, a trepar, a saltar, a descender, como cualquier mono de su edad. ¨Desde la Cordillera, atravesaré el desierto hasta la famosa Desembocadura, para ver el Horizonte en el Mar. Y aprenderé a nadar¨.

Y luego…

Ya sabía leer mapas y andaba con libros de viajes de aquí para allá, con cuadernos y sus letras, compañeras en los caminos. Muy sola.

¡Esta vez tardará algo más, necesitará ayuda, no podrá llegar tan lejos, ella sola!. Ya la segunda vez, pasaron algo de miedo…

Y algunxs vecinos nos preguntaban: Y cuándo es que regresa. ¿Porque regresa?

Sus madres me lo reconocieron in situ¨Fueron noches angustiosas delante de velas encendidas, cerca del teléfono, llorando por los altares de la casa, con las fotos de los padrinos y madrinas de las encrucijadas, los principales y sus casas, imágenes pegaítas frente al pecho, y en los altares¨.

¨No os preocupéis de más. Está todo controlado¨, aquella había sido la última frase, definitiva, un clavo al que agarrarse, aquella voz suya, entusiasmada! Y las lágrimas de las madres en un pañuelo, en un puño dentro de un bolsillo, porque no había nada seguro, más allá de un primer billete de tren, un ahorro previo, unas líneas trazadas, discontinuas, y algunos favores.

Finalmente la estación de partida y los kilómetros por delante, por recorrer. Aquella hazaña, si terminaba en el lugar y tiempo previstos, indicados, recomendados, por fin le permitiría ver su rostro reflejado en una moneda de la suerte. Tamaña era su ambición. Y escribiría su primer libro.

CUANDO LLEGAN LOS MONSTRUOS

Demasiadas, fueron, las noches fuera del refugio y muchos fueron los riesgos. Con pocos objetos en los bolsillos se viajaba ligero y correr era más sencillo, con una navaja en la riñorera, no estaba del todo más tranquila, pero…era mujer.

Quién había fallado…

¡Por qué no le gustará el pueblo! aclamaban los vecinos en los pregones de las fiestas.

Y luego no recuerda el patrocinio: Era una desagradecida. ¨Nos ha salido a tu abuelo¨, gritaba la madre al padre, y un largo etc lleno de todos los reproches en cada espera, cuanto más larga peores, entre comadres, en aquellas noches en vela, entre peleas y sollozos:

COME BACK, please.

Conforme ganaba el animal, parada a parada, la experiencia necesaria para mejorar su planificación, organización, para dormir en la calle entre cartones y pasar desapercibida, para la invisibilidad necesaria para la supervivencia, y a la vez entendía algunos mapas del metro, confeccionaba agendas con los papeles de las papeleras y escribía en servilletas de cafeterías nombres de lugares, en los idiomas básicos que le permitirían, la tercera o cuarta vez…viajar en largo, cruzar los Océanos en aviones.

Con una calma rápida para improvisar por cada cagada, muchas chanclitas después de Solentiname…El drama fue pasando de largo por delante de los nombres de las diferentes vías, donde se sentaba a escribir la postal que llegaba hasta la casa de sus padres, en forma de telegrama encriptado.

TELEGRAMA INTERNACIONAL

Ahí va de largo.

¡Por dónde es que anda! No podrá sóla, no podrá.

Tarde o temprano regresará para pedir ayuda, ya lo veremos.

Padrón abajo.

  • Continuará…

NOS SOBRAN LOS TEÓRICOS DE LA REVOLUCIÓN

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Giré la llave de la ducha y comenzó a caerme la esperanza, como con cuenta gotas, cuando ya ni recordaba la lengua de mi madre, paralizada como vivía, encerrada sin caminar. Eran pocos los sonidos, los “bronquidos”, los que hacía servir para comunicarme con mis perros, pájaros y caracoles.

Ellos eran mi única familia, desde lo profundo de mí, los llamaba. Y los amaba.

Todas las mañanas les abría las ventanas para que marcharan del laberinto, la maleza había complicado los caminos de estar por casa, y lo más sencillo era saltar al exterior, de cabeza. Algunos se habían ido de mi lado, definitivamente, pero muchos se perdían y regresaban, trepando por las paredes en busca de comida: gusanos, saltamontes, ratas…

Así es como yo me entretenía. Observándolos, contándolos, nombrándolos, reconociéndolos. Admiraba sus juegos y sus atrevimientos e imaginaba sus otros caminos, sus otras casas, sus otras compañías, y a veces sentía celos.

También los veía morir en el intento, inevitablemente, hasta la semana pasada.

Una única llave de hierro oxidada, pesada, colgada en una percha dentro del armario del cuarto de baño, era la única que abría la puerta de la sala que daba a la calle.

No sé qué día desapareció.

Cerré todo a cal y canto, me entró el pánico y comencé a sospechar de cada uno de ellos: Alguien de esta familia me la ha robado! Pero sin poder estar segura de si él,

“el ladrón”, seguiría aún dentro, cerca…Probablemente no. Ni de sus macabras intenciones…Barrí varias veces y limpié las paredes, corté los tallos, seguí rastros pegajosos entre las hojas, abrí cañerías, traté de recordar los movimientos de entrada y salida, las defunciones… todo sin éxito.

Los “bronquidos” se transformaron en gritos de guerra, de repente, mis capacidades comenzaron a crecer desde las raíces del jardín, y con mis ramas me preparé, con todas las armas que había fabricado para un posible asalto, dejé postergado el interrogatorio; el castigo colectivo sería el encierro y yo me asfixiaría con las ventanas cerradas.