elpuerto.mx

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Llegaron pasadas unas cuantas calamidades.

Esperaron, desesperaron,

tic-tac: días, pausas, noches, meses, ciclos, vaivenes,

hasta pisar tierra firme y reposar el mar.

Mutantes. LOS MUTANTES,

hasta fijar el que iba a ser un ritmo propio,

frente a las olas, desde la orilla.

3 habían sido sus lugares preferidos, 3 destinos posibles, 3 debates:

  1. la mega urbe durante sus primeros paseos por la Colonia Narvarte,
  2. el increíble clima de la ciudad de las flores y los nuevos estudios de su universidad de jazz, a la mesa con Pedro el trombonista…hasta que se convencieron y maquinaron el viaje sentados en el Registro Civil de la ciudad más corrupta de todo el estado,
  3. el puerto maldito de Veracruz.

Cómo es que lo imaginaron, cuánto es que le erraron, qué es lo que practicaron,

pues no es ningún secreto: con cada una de las sorpresas que les fueron estallando como bombas fétidas por encima de sus cabezas, se les apareció una virgen con halo de clarividencia, negra y latina, que les dio la bienvenida cantándoles un bolero.

Así es México también. Que no te falte un bolero!

Se fustigaron, perdedores, ignorantes, lloraron días y noches y decidieron regresar.

Batalla perdida, en retirada,

todavía estaban a tiempo de reconocer el camino del regreso.

Game over en la primera partida,

aniquilados a la primera de cambio, derrotados, apasionados y enfermos.

Fue ella quien tuvo que claudicar.

Entonces pararon sus relojes y platicaron,

tic-tac, pausas, meses, ciclos, vaivenes, mutantes,

mientras tacos de carnitas y tacos al pastor,

mientras cocteles de jaiba y tamales de masa,

mientras las lunas de la Villa del Mar,

los yayos disfrutaron de los chamacos, mientras los apapacharon y los malcriaron.

Desesperados,

Vendieron su alma al diablo, al miedo y a la oscuridad…

la enfermedad acampó entre sus filas, disfrazada de bacteria en el agua, en el aire, en la tierra.

Las humedades por las paredes y la corrupción en cada negocio.

Así también son aquellas temperaturas.

Apasionantes.

2001

Los mutantes

LOS MUTANTES

Caminan descalzos por una nueva era de tierra finísima, suave y oscura color obsidiana. Una capa salada de verdín les cubre hasta los tobillos, resbalan y caen por turnos, en busca de cangrejos para el hambre. El sol se aleja de la bóveda celeste y la niebla comienza a deslizarse a ras de suelo, humedeciendo sus huesos trapos. Pronto el viento les obligará a refugiarse debajo de las hojas, las palmeras comenzaron a agitarse y grupos de aves sobrevuelan sus cabezas, al acecho de sus huellas. Él agarrado a ella, dentro de ella, apoyado en él, atados él y ella a un carro de madera, donde transportan abrigos, botas y plásticos: bolsas, botellas, recipientes de varios tamaños…cocos, mangos, armas primitivas, ratas, y muchos agujeros. Este ecosistema mutante somos el nosotros del pasado, o lo que sobrevivió de aquella violencia, lo que permaneció: instinto y capacidad de adaptación. Desafíos vitales de una familia de despojados de la tierra fértil, del agua potable, de un trabajo en una comunidad, y sin gobierno. La suerte salta salpicando,a un lado y al otro de sus frentes y espaldas, les rodean sus dos perros cazadores y unas rodillas fuertes que laten vigorosas para impulsar fuerza por sus venas. Los dos más pequeños ríen inconscientes, dentro y fuera del cuerpo de ella, juegan con el paisaje a ser libres, con las ruedas del carro a ser nómadas, con las piedras, cazadores; por ellos, ella y él no desesperan y siguen, persiguen, mojados de sol a sol hasta enfrentar la noche, esperan pacientes a que salgan los cangrejos.

LOS HABITANTES DE LA COSTA