¿Dónde te llevo?

Cuando no estoy aquí y ahora, soy una sombra, una mera proyección. Una abstracción de pensamientos, recuerdos, deseos y añoranza. Algo así. Una impostora que viaja a lugares imaginarios, a uno de aquellos espacios en el tiempo, pasados. Una calle, un paseo, un atardecer, la mar, el malecón, nuestro volcán, tu plática, una canción, nuestra amistad.

Cada uno de nuestros lugares en el cuerpo, todos ya de antaño: vino alrededor de la mesa en invierno, alrededor de la lumbre. Lugares que no han sucedido, ni sucederán afuera como sucedieron adentro. Lugares hermosos donde perdernos, eternamente. Ensoñaciones en el paraíso. Nuestros viajes por Nicaragua. La ría, tu puerta abierta, un coctel con ron…

Y también busco lugares donde perderme sola, donde esconderme de la luz, donde encerrarme a oscuras, también disfruto con el negro, que es fascinante, sin duda seductor. Me deslizo en silencio por los pasillos a oscuras del trastero de mis padres. Siempre me aterró, pero enfrentándote a la muerte, te haces valiente y te construyes por dentro.

Apenas me proyecto hacia el futuro, allí me da mucho miedo viajar. Debe ser que me calan algunas predicciones catastrofistas de la ciencia occidental y no tengo en buena estima ni a mi propia comunidad, ni a mi misma.

Me gusta cuando regreso con la resaca y tu aliento.

 

REGRESAR A LOS LUGARES DONDE A UNO LE AMARON-Lugares en el cuerpo-

El cambio

Sin darnos ni cuenta, como suceden las cosas.

Cuando aprendieron a esperarlas o cuando eran pacientes,

o cuando eran, sin preguntas.

Me convertí en el observador

narrador de los cambios de la Familia Billy Jones,

mi familia.


Y sin darme cuenta, yo ya no estoy con ella.

No son mis pelos en su albornoz, burdeos.

Soy por las paredes de la casa que me vio morir;

y soy «al seu cor», aunque ahora esté completamente diferente:

una vez al año, una nueva casa maya, hogar NAJ.

Dos años después, nutriéndose ella.

Otra familia, aunque estemos todos interrelacionados, completamente.

Partículas nuestras (pecas blancas y negras) en el auto

y un olor a pedo permanente.

Yo soy Lucas Billy Jones.

El primogénito.

¿Un recuerdo?

Tampoco ha pasado tanto tiempo humano,

tampoco es que no los reconozca.

Los he olido a casi todos.

Bien.

Han crecido mucho, pero YAAN sigue con la uñita a Matso.

Hemos traspasado las fronteras juntos,

nos hemos amado mucho,

frecuentemente,

a diario.

Todas las vidas que nos fue posible,

las vivimos;

el tiempo que nos perteneció,

el que nos fue dado.

Fuimos muy conscientes de nuestra fortuna,

de la belleza y del favor de los Dioses. Inhumanos por naturaleza.

Hoy sabemos que ella está tocada

por la inspiración

y que ella es abundancia.

De ella

nacimos el «todos nosotros»,

de una semilla de ella

y de una semilla de él,

iluminadas por los cielos, estrellas, astros, polvos y compañías.

De la conjunción de la vida y sus casualidades 

el propio deseo de la madre Naturaleza.

En otros tiempos humanos,

cuando se conocieron en Barcelona,

yo no había nacido.

Ni Billys, ni Jones,

aunque aquellos ecos

ya existían en sus otros

dos mundos, por separado.

Se acababan de encontrar

mar adentro,

hacia arriba de la montaña.

Ella dejó de ser fértil, apenas hoy.

 

Para mi gran amor.

Sudafrica

Journaling Nómada

koisan

El café tiene el color de tus ojos, mezcla de subidón, vértigo y enamoramiento, y muchas ganas de ti, ¿cómo lo hacemos?.

K´IILKAB

Conversas entre YAAN y su mamá mientras descansan a la sombra de un árbol, sus espaldas encima de las mochilas, se quitan los calcetines y se limpian las botas:

– Esta patria es también para el agradecimiento, oh lord de patas, qué dolor de espalda… Esta sombra para pedir, rogar por quienes nos acogieron entre sus muros, por las madrinas y padrinos de los caminos, de las encrucijadas, por quienes encienden velitas y nos invitan a sus bodas, y extienden sus catifas ante nuestros pies descalzos:

¡Willkommen!, muchas ganas de veros de nuevo.

Un gran desafío para nuestra memoria, con el paso de los pasos, con el tiempo al tiempo.

Instantes por el mundo que nos agarran sin cámaras de fotos y sin teléfonos móviles, a través…

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Pruébalo

Pruébalo

Está muy bueno, te gustan todos los ingredientes,

es un batido de fresas con canela.


Es una mentira de mamá, pensé yo.

 

No, contestó ella. En un tono contundente y gritón.

Soy pequeña y hay cosas que todavía no me gustan.

 

¿Alguna vez lo probó como cuándo se prueban las cosas por primera vez?

Con curiosidad, sin prejuicios.

¿Lo olió?

¿Experimentó la textura de la espuma de la leche?

 

Probablemente alguna de las pepitas de las fresas,

de los granitos negros, se quedaría atrapada entre sus dientes.

Por un motivo que no es capaz de explicarnos,

y quizás nunca llegue a comprender ella misma

decidió que no le gusta el batido de fresa.

 

¿Cuándo?

 

El de plátano, si.

El de plátano con fresa, tampoco.

La fresa sólo al natural. Sin leche y sin canela.

 

¿No te gusta la canela?

 

Sólo me gusta el chocolate, mamá.